MIGUEL SOLARTE
LOS GATOS
La historia del gato se basa sobre todo en la percepción que el hombre tiene del pequeño felino. Se cree que la domesticación del gato comenzó entre el 7500 a. C. y el 7000 a. C. La visión que el hombre tiene del gato difiere totalmente de una época a otra siendo desde la antigüedad cuando lo veneraban hasta la Edad media cuando los quemaban en las hogueras, pensando que era un animal diabólico.
Aunque al gato se le
llamaba myeou en el Alto Egipto, haciendo referencia a la onomatopeya
de su maullido, a las hembras las llamaban techau, nombre que se ha
encontrado grabado en muchas tumbas de mujeres. De este término deriva el
nombre chaus, que ahora denomina a un gato salvaje de Egipto y
de Asia, Feliz chaus.
Después se le atribuye el nombre de qato en siríaco. Parece que ésta sea la verdadera raíz del término italiano gato. Sin embargo hay otros orígenes posibles, sobre todo el adjetivo latino cautus, que significa astuto o agudo, o también el verbo francés guetter en el sentido de espiar, ya que el gato es un animal activo que tiene la vista y el oído siempre alerta. Algunos etimologistas creen que se trata de una fantasía, ya que el uso de la expresión gato se empieza a usar en Egipto varios siglos antes de la aparición del gato en Atenas, Roma o en la Galia. A pesar de todo no es fácil diferenciar, en los textos antiguos, al gato de otros cazadores de ratas como la marta, la garduña, o la comadreja. Los griegos llamaban a los gatos ailouros, que significa animal que mueve la cola. De este término procede la palabra para denominar a los amantes de estos animales: los ailurofílicos. A partir de la Edad Media, gatti o cattine fella designaban las pieles de gato, usadas para monederos. En esa época también se usaban otros términos para designar al gato doméstico. Todos empiezan por la palabra latina mus, que significa ratón. Encontramos sobre todo musio, murio, murilegus y muriceps. Estas denominaciones muestran hasta qué punto estaba intrínsecamente ligado el gato a la caza de ratones.

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